Durante años el bruxismo fue considerado un hábito menor, casi anecdótico. Apretar o rechinar los dientes apenas se comentaba.
Hoy, sin embargo, la investigación está a tope con el bruxismo nocturno infantil y el del adulto.
El bruxismo es un fenómeno complejo con implicaciones médicas, neurológicas y sociales.
Se distinguen entre formas leves y cuadros clínicamente relevantes:
En su versión más severa, el bruxismo no solo desgasta dientes, puede alterar el sueño, amplificar el dolor crónico y deteriorar la calidad de vida. Es un trastorno multifactorial en aumento que puede y debe tratarse desde sus comienzos.
El estrés sigue siendo el factor causante más citado y en el desgaste asociado sus principales causas se encuentran en la erosión ácida y el bruxismo.
Se observa cuando alguien cercano escucha el rechinar nocturno o hasta que aparece daño visible o dolor persistente.
Las cefaleas matutinas son uno de los signos más característicos. La presencia de rigidez en la mandíbula al despertar, contracturas cervicales, dolor facial o sensación de oído taponado.
La prevalencia del bruxismo del sueño en adultos es entre el 8% y el 13%, mientras que el bruxismo diurno (más difícil de medir) podría ser aún más frecuente.
Se presentan múltiples desencadenantes:
Factores psicosociales, alteraciones del sueño, consumo de estimulantes como cafeína o alcohol, ciertos medicamentos (como la del tratamiento del TDAH), la predisposición genética o incluso trastornos respiratorios como la apnea del sueño.
En los niños abuso de pantallas y azúcares y además de problemas respiratorios, reflujo esofágico. El bruxismo es un comportamiento relacionado con el sueño.
Durante la noche los músculos masticatorios pueden generar fuerzas muy superiores a las de la masticación normal. Esa presión sostenida impacta sobre dientes, músculos y articulaciones. El resultado es acumulativo. Sin tratamiento, aparecen desgaste progresivo, microfracturas, sensibilidad dental y sobrecarga de la articulación temporomandibular (ATM).
Las consecuencias de no tratar el bruxismo puede tener consecuencias progresivas e irreversibles: desgaste severo del esmalte y fracturas dentales, sensibilidad creciente, sobrecarga de la ATM, dolores musculares, cefaleas y molestias cervicales e incluso la necesidad futura de rehabilitaciones complejas.
El desgaste dental acorta los dientes, altera su forma y modifica la sonrisa. Da un aspecto general más envejecido. Puede además producir la hipertrofia del músculo masetero, una adaptación al esfuerzo.
El tratamiento del bruxismo es por definición multidisciplinar. “La férula es una herramienta fundamental, pero no siempre es todo, a veces se requiere la combinación de ortodoncia, que permite mejorar la estabilidad oclusal, eliminar interferencias y redistribuir cargas y la fase restauradora para reconstruir la anatomía dental perdida y férulas de mantenimiento y protección a largo plazo. El objetivo de controlar el bruxismo no es solo el de proteger los dientes, sino todos sus efectos secundarios.

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Dras. Ana Molina, Carlota Villar, Natalia Mateo, Cristina Sánchez-Mola